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Sobre nosotros



En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.


Él tenía treinta años cuando leyó por primera vez estos versos iniciales del poema de Bolaño. Posiblemente no estaba loco ni había perdido un país, pero tampoco sabía que se podía ganar un sueño. No lo sabía porque no había tenido nunca ninguno. “¿Y ya puede usted vivir sin un sueño?” le habría preguntado Bolaño. O Pessoa, que tenía en él todos los sueños del mundo. O incluso Oriana Fallaci, señalándole con un dedo la luna, ese sueño que según ella solo servía para los que nunca tenían sueños. Y él les contestaría que sí,  que para qué soñar cuando se podía vivir. La literatura o la vida, esa era la elección. O la escritura o la vida, como decía Semprún. Y él había escogido la vida. Pero al hacerlo, al ignorar las palabras que transitan entre los márgenes de una página, había renunciado a vivir más allá de las convenciones dictaminadas en algún manual de vida. Un manual que era también un libro, pero un libro aquejado de un profundo ataque de amnesia. No recordaba aquello que nos había dicho Perec,  que a la vida se viene sin instrucciones y que cualquier intento  por dibujar en ella una trayectoria perfecta era pura falacia.  Tal vez por eso nosotros escogimos la literatura. Porque a veces la ficción nos cuenta la realidad mejor de lo que ella se cuenta a sí misma. Y aunque tal vez esta elección nos ha inutilizado para muchas cosas importantes, como dormir a pierna suelta, llegar puntual a las citas o tener la nevera llena, nos ayuda a poner nombres a las cosas, a redibujar las imágenes preconcebidas y a mantener una  perpetuo diálogo a media voz con la vida y con la muerte.

Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.


Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.


Nosotros no hemos olvidado este poema de Bolaño, y por eso le dedicamos este blog. Para que os quedéis aquí con nosotros, con los perros románticos. Para que forméis parte de la jauría lectora.

2 comentarios:

  1. Hola, me gusta vuestro blog y os he nominado para el premio Liebster Award, más información:
    http://questasleyendo.wordpress.com/2013/09/30/premio-liebster-award/

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  2. Hola, me llamo Mariam y he abierto un Blog literario. Me ayudarías mucho visitándolo. El blog en cuestión es http://escribirparanomorirte.blogspot.com.es/ , gracias de antemano y un saludo.

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