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jueves, 13 de febrero de 2014

Entrevista a Jeremías Gamboa


El pasado 16 de enero publicábamos en esta bitácora la reseña de Contarlo todo (Mondadori, 2013), la primera y flamante novela de Jeremías Gamboa (Lima, 1975), presentada en la pasada FIL de Guadalajara en loor de multitudes. Hoy inauguramos esta sección dedicada a retratar algunas de las voces más destacadas de la literatura contemporánea –es decir, aquellas que en los próximos años acabaran sosteniendo el edificio– con una entrevista a su autor, nueva promesa de la literatura peruana y, sin duda, una de las voces más potentes del momento. Gamboa nos atiende desde su apartamento en Miraflores, a pocos metros del Pacífico.  


Tras la lujosa presentación que se hizo de tu libro en la última FIL de Guadalajara, y a tenor del revuelo provocado antes y después de su publicación, no hay duda de que estamos ante uno de los fenómenos editoriales de 2014. ¿Qué tal llevas eso de ser el hombre del momento?

Como todo en la vida, el éxito tiene algunas cosas muy buenas y otras no tan buenas con las que es inevitable lidiar, entre las cuales las más complicada es asimilar el cambio dramático. Pasas de estar trabajando en silencio muchos años a estar completamente expuesto al juicio de lectores y críticos. En cualquier caso, la primera impresión es intensamente positiva, pues lo que un escritor desea por encima de todo es ser leído por una multitud de lectores, y si a eso le añadimos el espaldarazo recibido por el libro durante la FIL de Guadalajara y la atención que se le ha dedicado desde los medios, uno no puede sentir otra cosa que una gran satisfacción y una inmensa gratitud. Además, a los comentarios generados por el libro entre los lectores peruanos hay que añadir los que me van llegando en cuentagotas desde España.

Todo un cambio, desde luego.

Sí. Pero ya soy demasiado mayor como para sentirme agobiado. Es cierto que esta es mi primera novela publicada, lo que me convierte en un autor tardío, pero no el primer libro mío que sale a la luz. Antes me publicaron en Lima un libro de relatos, Punto de fuga,que se reeditará en España y en toda Latinoamericana a lo largo de este año, y que ya recibió muy buenas críticas en el Perú. A pesar de lo que parece sugerir su argumento, Contarlo todo no es una ópera prima. Y además estoy ya preparando el tercero.

A toda máquina, entonces.

(Risas) Sí.

En cualquier caso, la publicidad que se ha hecho de la novela parece haberse convertido en un arma de doble filo. Tanto bombo ha acabado alimentado los prejuicios de algunos críticos y lectores. ¿Crees que en un contexto en el que parece que todos somos escritores y resulta tan fácil es autopublicarse hay algo de envidia en ello?

Esta pregunta me la han hecho varias veces aquí en Lima, de donde provienen la mayoría críticas negativas. Y como en las otras ocasiones debo contestar rotundamente que no. ¿Quién soy yo para calificar de envidiosos los comentarios negativos de algunos lectores? De todas maneras, una vez reflexionado con calma el fenómeno experimentado por mi novela, cuya publicación generó un debate potente en el Perú, debo reconocer que el apoyo ha superado con creces a la crítica más destructiva. Además, esto siempre ha ocurrido con cualquier escritor que pretenda tocar las fibras sensibles de sus lectores.

Por supuesto.

Por otro lado, hacía mucho tiempo que no se hablaba tanto de un libro de literatura en este país, cosa que valoro como algo muy positivo.    

Uno de los aspectos del libro que ha azuzado la controversia es su elevado grado de autoficción. A nosotros nos gustan los autores que tienen el coraje de hablar de sí mismos, pero… ¿vas a seguir desmenuzando tu propia historia o centrarás tus próximos proyectos literarios una ficción más pura? 

Julio Ramón Ribeyro, gran escritor y cuentista peruano del siglo pasado, decía que la literatura debe hacerle creer al lector que es autobiográfico lo que no fue, y ficción lo que fue. En este sentido, Contarlo todo es mucho menos autobiográfica de lo que la gente se imagina. Muchos lectores cercanos se sorprenden cuando les cuento las diferencias entre mi vida y la de Gabriel Lisboa, su protagonista. Y lo cierto es que se trata de un mecanismo intencionado, yo buscaba eso con esta novela… ¡incluso barajé la posibilidad de publicarla con el nombre de Gabriel Lisboa! Fíjate que algunos críticos han acabo incorporando a su argumento pasajes de mi vida, incluso el éxito alcanzado. Como sabrás la novela habla de un chaval que deja un trabajo para escribir en una habitación de Santa Anita, no de un escritor exitoso presentado a lo grande en Guadalajara. Los críticos se equivocan cuando quieren ver en la de Gabriel una historia de éxito, pues eso es solo una presunción derivada del haber confundido las figuras de escritor y narrador.  

Entonces hay más distancia de la que creíamos entre tu personaje y tú.

¡Claro! Además, cuando uno habla de sí mismo lo hace con bastante más pudor que si lo hace, por ejemplo, sobre un personaje histórico. En ese caso le resulta mucho más fácil al escritor contar ciertas intimidades. Así que en el futuro voy a alternar personajes similares a mí con otros radicalmente distintos. Tengo entendido que un autor, en sus primeras obras, suele ser bastante más literal, y que a medida que avanza su carrera pierde literalidad. Supongo que a mí me sucederá lo mismo.        

En cualquier caso, muchos lectores han expresado a través de las redes sociales su voluntad de conocer cómo continua la historia de Gabriel Gamboa y del resto de mostros? ¿Se te ha pasado por la cabeza recuperar el personaje para escribir una continuación?

No descarto recuperar en el futuro el personaje de Gabriel Lisboa. En cualquier caso, ya muchos de esos lectores que mencionas han acabado completando la historia de Gabriel con la mía, como te decía antes.

Seguro que más de uno habrá tratado de averiguar si los amigos a quienes dedicas el libro son los mismos a quienes se lo dedica Gabriel Lisboa. Yo, al menos, lo he hecho.

(Risas) ¡Lo hiciste!

¡Por supuesto!

¿Y que te pareció? ¿Crees que se trata de las mismas personas?

Es inevitable relacionarlos.

Pero fíjate que esos personajes son en realidad extensiones de mí mismo. Santiago Montero soy yo, Ramírez Zavala soy yo, Spanton soy yo… Mi lado más escénico es “spantiano”. Y el más derrotista pertenece a Montero. Incluso algunos lectores muy cercanos bromean conmigo acerca de expresiones utilizadas por aquellos en el libro. “¡Pero si esta frase es tuya!”, me dicen. Muchas veces es inevitable poner en boca de tus personajes palabras o expresiones habituales en ti.

Madame Bovary soy yo…

¡Cierto! En cualquier caso, yo he situado a Gabriel en dos ambientes que conocía bien (la universidad, la prensa), eso es cierto, para que hiciera en ellos lo que le viniera en gana. Y él es una extensión psíquica de mí mismo en la misma medida en la que pueda serlo el resto de personajes. Por ejemplo, cuando Montero aparece en el libro con aspecto de náufrago, ¡así es como me sentía yo mientras escribía Contarlo todo!    

Milan Kundera afirma en su ensayo La desprestigiada herencia de Cervantes* que la novela contemporánea había sustituido a la filosofía tradicional en su búsqueda del ser en tanto ser. Sin embargo, los autores del “Boom” latinoamericano se centraban sobre todo en aspectos sociales relativos a una colectividad. Contarlo todo, en cambio, parece ocuparse principalmente del ser.

Completamente. Esto también forma parte del debate generado por mi novela en Latinoamérica. Muchos críticos han querido ver en ella influencias del “Boom”, sobre todo cuando hablo de la problemática social, de los esquemas de poder, incluso ven en la extensión del libro una similitud, una ambición parecida. Sin embargo, la novela habla sobre todo de la búsqueda del ser. Hay en ella la indagación psicológica y existencial de un individuo. En este sentido me siento muy cerca de Kundera, como también de Chejov, Ford o Carver. Por supuesto en negociación con los autores del “Boom” latinoamericano.

“Está mal cuando te la prestas (la voz narrativa) de los mediocres”, dice Santiago Montero en un momento determinado de la novela. Imagino que mucho periodistas te habrán preguntado de qué autores te sientes deudor. Nosotros queremos saber con qué autores te gustaría que te compararan.

Muchos de ellos están mencionados en el libro.                                                      

Cierto.

Philip Roth, por ejemplo, es un autor al que me gustaría parecerme. Vargas Llosa también, sin duda. Y luego a Bolaño, cuyo nombre no aparece en la novela porque en aquellos años aún no era conocido. Es decir, incluirlo habría sido una incoherencia histórica. Luego me gustan Fuguet, Naipul, y también un autor que ha sabido conjugar muy bien lo mejor de Roth y de Naipaul, que es Hanif Kureishi. Tiene una novela, El buda de los suburbios, que está muy relacionada con la mía. Es la historia de un adolescente de las afueras de Londres que lucha por crecer, por procurarse un lugar en el mundo. Uno la lee y no sabe si está frente a una novela, una obra de teatro o un tratado de filosofía. Lo cierto es que fue un norte para mi mientras escribía Contarlo todo. Luego tiene otro libro, Mi oído en su corazón, en el que habla sobre su padre y también expresa su admiración por Naipaul y Roth. Los tres son autores muy conscientes de las imágenes paternales, y eso es algo que me gusta mucho.    

Roth escribió una novela maravillosa sobre las relaciones paterno-filiales, Patrimonio.

¡Una novela extraordinaria, sin duda! Tiene mucho que ver con lo que voy a trabajar en el futuro.

La historia de un viaje a la sierra en busca del abuelo, he leído por ahí…

El personaje de mi próxima novela realiza una búsqueda de sus orígenes, de sus raíces andinas. Fíjate cuan distinto es de Gabriel Lisboa, que busca un padre en la gran ciudad y cuyo pasado andino le resulta prácticamente desconocido. En este sentido, estoy fijando mi atención en otra zona de la experiencia humana.

En el libro hay también mucha metaliteratura. De hecho, el hilo argumental es puramente metaliterario. Sin embargo, Vargas Llosa afirma en su cita de apoyo que “lo esencial es siempre contar una historia bien contada”. ¿Qué otros aspectos esenciales caracterizan tu novela?

La indagación emocional es uno de los aspectos que considero más destacables. Hay un abanico de sentimientos muy fuerte, una indagación emocional muy potente. Hay sexualidad, hay amor, anhelo, rabia… Fíjate que todos los comentarios positivos que recibo son meramente emocionales. Hay lectores que se emocionan, otros que lloran, otros que se mueren de la risa… Creo que la literatura contemporánea, esa que podríamos calificar de intelectual, lleva un tiempo desatendiendo el mundo de las emociones. En este ámbito me siento muy cerca de Manuel Puig y de Jorge Amado. Luego creo que Contarlo todo se circunscribe en el clasicismo del storytelling. Es una novela que apuesta por contar una historia, como dice Vargas Llosa. Entonces, fíjate lo extraño que resulta que una novela tan vital y sanguínea hable también de aspectos metaliterarios. Una novela metaliteraria suele ser una novela para escritores, y sin embargo, Contarlo todo abarca un abanico de lectores mucho más amplio gracias a su vitalidad. Digamos que el componente metaliterario sirve como hilo conductor, como columna vertebral de una novela con un fuerte componente emocional.

Y, ¿qué me dices de la ambición? Son más de quinientas páginas.

Yo más que de ambición hablaría de actitud. La manera como Gabriel explica su historia, la honestidad con que confiesa todo lo relativo a su sexualidad, a su impotencia… a su hiperpotencia. Esa voluntad de contarlo todo responde a una actitud que es, por otro lado, muy poco latinoamericana. Yo he pretendido hacer un poco lo que hizo Roth en su momento, cuando hablaba de cosas sobre las que se suponía que un judío nunca debía hablar, como la sexualidad. Entonces, esa voluntad de contarlo todo por parte de Gabriel ha dado para quinientas páginas. ¡Si hubiera sido yo mismo en persona no habría ido más allá de la tercera página! (Risas)     

¿A qué otros autores peruanos te gustaría que se prestara más atención en España?  

De mi generación, los escritores más interesantes son Daniel Alarcón, que escribe en inglés pero nació en Lima, de padres peruanos, y luego Carlos Yushimito, uno de los 22 talentos Granta en español, que escribe una literatura completamente diferente de la mía, ya en los márgenes del canon latinoamericano, con guiños al fantástico pero aún así muy consciente de su literatura… Unos de sus mejores libros es Los bosques tiene sus propias puertas. Y luego por supuesto Roncagliolo, a quien ya conocen bien en España.

Y la lectura en el Perú, ¿crees que se promociona lo suficiente?

En Perú se están haciendo cosas para promover la lectura, desde el Estado y también desde organizaciones no gubernamentales. Pero fíjate que el Perú es la nación con menos gasto per cápita en lectura, y cuyo mercado editorial es sumamente pequeño. Aún así, se están abriendo muchas librerías, lo cual es muy interesante, y el mercado se está ampliando. Y eso se demuestra al fijarnos en la experiencia de Contarlo todo. Vamos ya por la segunda edición, a punto de sacar la tercera, y lo que se preguntan algunos periodistas es, ¿dónde estaban esos lectores antes de Contarlo todo? Entonces, es cierto que se está promoviendo la lectura desde las instituciones, pero al final son los libros los que acaban arrastrando a los lectores. Así sucedió con el “Boom”.  

Imagino entonces que tu libro ha penetrado en las barriadas populares de Lima. Tal vez en estos momentos otro Gabriel Lisboa está leyendo tu novela en Santa Anita.

Me sentiría enormemente satisfecho si así fuera.



*Conferencia leída en Estados Unidos en 1983. Forma parte del libro El arte de la novela (1986; Tusquets, 1987).

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