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miércoles, 10 de julio de 2013

Tom Sharpe y Wilt




"Siempre que Henry Wilt sacaba al perro a pasear o, para ser más precisos, cuando el perro le sacaba él o, para ser exactos, cuando la señora Wilt les decía a ambos que se fuesen de casa para que ella pudiese hacer sus ejercicios de yoga, Henry siempre seguía la misma ruta. De hecho el perro seguía la ruta y Wilt seguía al perro. Bajaban hasta la oficina de correos, cruzaban el campo de juegos, luego el puente del ferrocarril y seguían por el sendero que bordeaba el río. Continuaban, siguiendo el río, poco más de kilómetro y medio y luego cruzaban otra vez por debajo de la vía férrea y volvían recorriendo calles cuyas casas eran mayores que las de Wilt y donde había árboles grandes y jardines y los coches eran todos Rover y Mercedes. Era allí donde Clem, un labrador de raza, se sentía evidentemente más a gusto, y hacía sus cosas mientras Wilt esperaba mirando alrededor un poco inquieto, consciente de que aquél no era su tipo de barrio y deseando que lo fuese. Era prácticamente el único momento de su paseo en el que tenía una cierta conciencia de entorno. Durante el resto del trayecto el paseo de Wilt era un paseo interior y seguía un itinerario completamente distinto de su propia apariencia y de la de su ruta. Era en realidad una jornada de pensamiento ávido, un peregrinaje por sendas de posibilidad remota que implicaban la desaparición irrevocable de la señora Wilt, la adquisición súbita de riqueza, lo que haría él si le nombrasen ministro de educación, o, aún mejor, primer ministro. Era algo urdido en parte con una serie de recursos desesperados y en parte con un diálogo mudo, de tal modo que quien reparase en Wilt (y la mayoría de la gente no lo hacía) podría haber visto que sus labios se movían de cuando en cuando y que se le fruncía la boca en lo que él suponía cariñosamente una sonrisa sardónica cuando abordaba cuestiones o respondía argumentaciones con una agudeza de ingenio devastadora. Fue precisamente durante uno de esos paseos, bajo la lluvia, tras un día especialmente penoso en la escuela, cuando Wilt consideró por primera vez la idea de que sólo podrían cristalizar sus esperanzas y podría considerar su vida algo propio si su mujer era víctima de algún desastre no del todo fortuito."

Así mismo, con estas mismas palabras, comienza una de las novelas más inteligentes y a la vez divertidas que, para mí, se hayan escrito jamás. Se trata de Wilt (1976; Anagrama, 2012*), de Tom Sharpe, un autor recientemente (y muy tristemente) fallecido en su casa de Llafranc –donde se había trasladado en 1995 huyendo de la sanidad pública británica– y que en su momento fue considerado como el escritor más cómicamente mordaz de las letras británicas. Desde luego, menudo chiste venirse a España para disfrutar de su sanidad pública: queda claro que disponía de un gran sentido del humor. “¡Los médicos son mejores aquí! Si viviera en Inglaterra, ya estaría muerto”, solía decir. Y luego le daba una calada a su eterna pipa.                   

Fuera bromas (por el momento). Efectivamente, Henry Wilt es un tipo a quien la vida no sonríe demasiado, al menos en todo aquello que para él tiene algún tipo de importancia. Lleva diez años trabajando como profesor en la misma escuela politécnica, dando clases de literatura a carpinteros, carniceros y demás profesionales con la mollera hecha de hormigón, y viendo como, año tras año, le es denegado el esperado ascenso; su economía es tan precaria que apenas alcanza para tener un coche de segunda, un plato frío cada noche en la mesa y para pagarle su mujer sus clases de yoga o de arreglo floral. Eva Wilt, en cambio, es una mujer llena de energía.

"Daba importancia a la actividad, a la energía y a la creatividad, de tal modo que incluso las personas que no eran demasiado impresionables quedaban agotadas tras diez minutos en su compañía. Hasta en la posición de loto en sus clases de yoga lograba exudar energía, y en sus tentativas de meditación trascendental evocaba una olla a presión en plena ebullición. Y con la energía creadora llegaba el entusiasmo, los entusiasmos febriles de una mujer evidentemente insatisfecha para la que toda idea nueva anuncia el alborear de un nuevo día y viceversa. Dado que las ideas que abrazaba eran triviales o le resultaban incomprensibles, su fidelidad a tales ideas era correspondientemente breve y no contribuía en absoluto a llenar el vacío que dejaba en su vida la falta de logros y triunfos de Henry Wilt."

En definitiva, Eva es una mujer bastante limitada cuya exuberancia de carácter y torpe verborrea no hacen otra cosa que dejarla en evidencia frente a todo aquel que comete la imprudencia de prestarle atención, y Henry un tipo bastante inteligente cuya falta de agallas y de compromiso con esa vida que se ha visto obligado a vivir lo han convertido en un inútil sin mayores esperanzas. Sin embargo, todo cambia con la súbita aparición en sus vidas de Sally Pringsheim, una americana liberada cuyas ideas sobre la sexualidad del matrimonio dejan estupefacta a Eva. Ambas comparten clases en el taller de arreglo floral de Mavis Mottram y llegan a hacerse grandes amigas, sobre todo después de que Sally le practique a Eva su famosa Terapia Táctil, en su cama de Rossiter Grove, un barrio acomodado en una ciudad innombrable no muy lejos de Londres. Una busca la posibilidad de aprehender el eterno en esa liberación sexual, en esas caricias y besos lésbicos que nunca creyó fueran posibles, y la otra disfrutar a su antojo de un cuerpo gigantesco lleno de carne flácida. A partir de este momento, de esta primera e inconsciente travesura cometida por Eva, la novela nos regala una sucesión de acontecimientos tan imprevisibles como hilarantes, tan grotescos como posibles. El muro que separa a Henry y Eva, cada uno instalado en sus propio imperio de frustraciones, está a punto de quebrarse.

Una noche, ambos se dirigen a una cena en casa de Sally y de su marido Gaskell, un bioquímico en excedencia. Allí los recibe una galería de intelectualoides cuyas mentes supuestamente privilegiadas caminan en paralelo a sus extraños apetitos sexuales. Eva se deja querer por el Dr. Scheimacher, un tipo gordo y bajito a todas luces enamorado de sus enormes pechos, mientras Sally se lleva a Henry a la habitación donde su marido guarda sus “juguetes”. Un tren eléctrico, un oso de felpa enorme, un caballo de balancín y una muñeca hinchable con una vagina de lo más real. Entonces se produce la tragedia. En un momento en el que Henry se encuentra inconsciente en el suelo de esa habitación tan especial, donde ha caído borracho después de negarse en rotundo a hacerlo con Sally, esta le “incrusta” la muñeca hinchable a modo de venganza de la única manera como podía hacerlo, para escarnio posterior de todos los invitados: Henry es finalmente descubierto con ese particular huésped adosado a su cuerpo, y lo único que puede hacer, tras liberarse de él, es correr a casa en silencio y completamente humillado. Al cabo de una pocas horas, Eva Wilt abandona a su marido y este decide materializar ese pensamiento que durante tanto tiempo ha rondado por su cabeza: acabar con ella definitivamente. No en vano, es ella quien lo ha llevado a esa estúpida fiesta.

"Al terminar la segunda ginebra, ya había empezado a formular un plan. Incluía a la muñeca, a uno de aquellos agujeros de los pilares del solar del nuevo edificio de la escuela y a una magnífica prueba de su fortaleza de carácter. Una cosa era fantasear sobre la posibilidad de asesinar a su mujer y otra muy distinta llevar a la práctica el proyecto. Y, entre ambas, se extendía una zona de inseguridad. Cuando terminó la tercera ginebra, Wilt estaba decidido a llevar a la práctica su plan. Al menos demostraría que era capaz de realizar un asesinato."

Al cabo de varios días, Henry está en comisaria prestando declaración. La policía acaba de encontrar bajo el hormigón con que un operario trataba de llenar el hueco de un pilar una muñeca hinchable, y dispone de varias pistas que apuntan a Henry y que confirman su deseo de asesinar a su mujer. Y, encima, esta no aparece por ningún lado. Incluso los Pringsheim se han desvanecido. Todo apunta a que Henry ha asesinado a los tres y se ha deshecho de los cadáveres en algún lugar de la ciudad. Incluso la testaruda tranquilidad que muestra durante los interrogatorios, mareando con su fina agudeza las mentes primitivas de los investigadores, que ya lo han condenado desde el principio haciendo uso de esa “mentalidad literal que pretende atrapar lo evanescente y agarrar la imaginación por su cuello inexistente” e incapaz de combatir a ese mercader de palabras, contorsionista verbal, descuartizador de la lógica y Houdini de la lingüística en que se ha convertido, para su propia sorpresa, Henry Wilt, parece condenarle. Sin embargo, y haciendo uso de las palabras con que suelen llenarse la boca los editores de novela policiaca –y esta no lo es, gracias a Dios–, nada es lo que parece. Ni Henry Wilt es un asesino, ni el inspector Flint un tipo tan perspicaz como el cree, ni Sally Pringsheim una mujer completamente liberada. La sociedad británica que nos describe Sharpe vive instalada a duras penas sobre un hilo demasiado fino, en la que los tontos se mueven a sus anchas sin saber que debajo, en la oscura inmensidad, se halla un abismo que son incapaces de comprender. 

La principal virtud de Sharpe consiste en hacer verosímil una historia a todas luces imposible, mediante un lenguaje llano y vigoroso que fluye sin embozos, un tono firme y serio repleto de ironía –solo los británicos pueden hacerlo– y una encomiable capacidad para administrar los acontecimientos de naturaleza más extravagante de manera que el lector no pueda sentirse saturado ni tomar el relato como una farsa destinada a tomarle el pelo. Por otro lado, las reflexiones que Sharpe hace en cada página por boca de Wilt son de una brillantez casi insultante. Tanto que es inevitable enrojecer de vez en cuando, como si estuviéramos desnudos ante la mirada jocosa de Sharpe.



"–¿Un juego? –dice Flint–. Coge usted el perro, sale a dar un paseo con él y se dedica a pensar formas y modos de matar a la señora Wilt. Y a eso le llama juego. Yo a eso lo llamo premeditación. 

–No está mal enfocado –dijo Wilt con una sonrisa–. Lo de la meditación. Eva se pone en la postura del loto en el cuarto de estar, en la alfombra, y se entrega a bellos pensamientos. Yo saco a ese maldito perro a dar una vuelta y me entrego a pensamientos horrorosos mientras Clem defeca en el borde herboso de Grenville Gardens. Y el resultado final es exactamente el mismo en ambos casos. Eva se levanta y prepara la cena y lava los platos y yo llego a casa y veo la tele o leo y me voy a la cama. Nada se ha alterado en realidad." 
(...) 
"–Inspector –dijo Wilt–, si yo siguiese todos los impulsos que pasan por mi cabeza, estaría convicto de violación infantil, homosexualidad, robo, agresión y asesinato masivo hace mucho tiempo."  

Como veis, sus palabras son cuchilladas al corazón de nuestras conciencias, pues apenas somos capaces de reconocer como propio su perverso significado . No en vano solía hablar de sí mismo como un descuartizador literario. “Él escribe con la misma precisión y finura con que un cirujano maneja el bisturí, mientras que yo escribo con una destral”, dijo una vez al compararse con Evelyn Waugh, otro gran satírico de las letras británicas.                             

En esta novela hilarante y corrosiva, en la que los hechos son tan grotescos como posibles, no dejaré de insistir en ello, Sharpe no deja títere con cabeza entre los machistas y las mujeres liberadas de los años setenta, los progresistas y los conservadores, la policía y el mundo de la enseñanza, e incluso se permite “desacralizar el sexo, el psicoanálisis, la justicia, el arte y la ciencia**”. 

Una novela divertida, inteligente, perversa y necesaria perfecta para un verano que amenaza con altos grados de temperatura. Contra el calor, la pluma fresca de Tom Sharpe. Yo, de hecho, ya me he lanzado en busca del siguiente libro de la serie dedicada a este excepcional personaje: Wilt.

"Por primera vez en su vida, Wilt sabía que era libre. Era como si le hubieran quitado de encima el pecado original de ser Henry Wilt, de Avenida Parkview 34, Ipford, profesor de Artes Libres de la Escuela Fenland, esposo de Eva Wilt y padre de nadie. Todas las trabas de posesiones, hábitos, sueldos y estatus, todas las formalidades sociales, los convencionalismos, las minucias de la estimación de sí mismo y de otras personas que él había adquirido junto a Eva, todo esto había desaparecido. Encerrado en su celda, Wilt tenía libertad para ser. Y pasase lo que pasase, no volvería jamás a sucumbir a los cantos de sirena del retraimiento y la humildad y la modestia. Tras el desprecio flagrante y la furia del inspector Flint, los abusos y los oprobios que se había amontonado sobre él durante una semana, ¿quién necesitaba ya la aprobación del prójimo? Él continuaría su vía independiente y haría buen uso de sus evidentes dotes para la incoherencia."    


*21ª reimpresión de la 1ª edición en la colección Compactos
**Extracto del texto de contraportada que aparece en la edición de 1983


Wilt
Tom Sharpe
Anagrama                  

                                                      

4 comentarios:

  1. Hola Karenin,
    Magnífica exposición y reseña. Ya sí que lo leeré, justo el otro día lo tuve en la mano, llama la atención el alibrería este volumen rosa de Anagrama. He leído algún texto del autor y me ha gustado y llevo tiempo detrás de la novela. Con tu reseña veo que es absolutamente un must así que a porél. Un abrazo :)

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  2. Wilt es una maravilla, dos lecturas para una historia hilarante que pone patas arriba un montón de convencionalismos.
    Lo releí este año con la trágica noticia y me reí una vez más
    Besos

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  3. Tomo nota, si dices que se trata de na novela tan inteligente y divertidas, una esetuoenda combinación, jeje. Pero sí, la sanidad española es una de las mejores del mundo, en eso estamos en el ranking al menos entre las cinco mejores del mundo, por eso es una lástima que ahora sea algo que se vaya a deteriorar. Me encanta tu escritor por reconocer eso, y espero que pronto por esta recomendación.

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  4. Hola. Tu blog me gusta y lo he nominado para el premio Liebster Award. Por más información, fijate en http://sobre-libros-y-algo-mas.blogspot.com/2013/10/premio-liebster-award.html.
    Saludos, Santiago

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