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viernes, 21 de junio de 2013

Caballero Bonald





Hoy tiene la palabra Caballero Bonald, de quien Fondo de Cultura Económica acaba de publicar una maravillosa antología, Sombras le avisaron (FCE, 2013), para la que el propio autor ha "seleccionado los textos que conservan una mayor afinidad", dice él, "con lo que ahora más me concierne de la poesía: su poder, como tal construcción verbal, para que el significado de las palabras suponga algo más de lo que recogen los diccionarios".

Os ofrecemos seis pinceladas de esta obra culminante del último –y muy merecido– Premio Cervantes 2012. Para abandonar por unos minutos nuestras enciclopedias vitales y dejar que Caballero Bonald nos descifre el significado oculto de las palabras.

LA CLAVE VENTUROSA DE LA VIDA*
Recuerdo paso a paso aquel camino
de tierra oscurecida por la lluvia, con charcos
despiadados, alambradas hirsutas
en las lindes y unos chopos sin hojas
afligiendo al paisaje.
                                               Un lugar anodino,
difuso, apenas predecible, y sin embargo
dotado de una nítida hermosura,
no por ningún expreso ornato natural
sino porque precisamente allí, hace ya tiempo,
percibí de improviso una presencia
parecida a la plenitud, ese raudo bosquejo
que irrumpe en la memoria y se incorpora
ya para siempre a los indubitables
rudimentos de la felicidad.
                                               Sólo eso:
unos ojos pendientes de los míos,
y en ellos, descifrándose,
la clave venturosa de la vida.

COARTADA*
La luz prensil de los espejos
atrapa a quien se mira.                                                                                                                                                                                                  Al fondo
pululan turbios flecos, marcas
marchitas, falsos
indicios de la realidad,
la lenta lepra opaca del azogue.

Todo es ya su reflejo.                                                                                                                                                                                                     ¿Quién
se hizo pasar por quién?

Cómplice de sí mismo,
el que se mira inculpa a quien lo observa.

MANTIS**
Los espacios contiguos ¿cómo
podré habitarlos
simultáneamente
si entre sus piernas se estaciona
un perentorio rastro
de herencia devorante?
El recorrido de su boca acaba
donde la amo y otras veces
al borde del embozo
que la aísla del rito sexual
de la supervivencia.
Así comparte
un obcecado poderío
con ella misma: se indemniza
cada vez que ama
de la extinción de todo cuando amó.

RESISTENCIA PASIVA**
Esa señal sinóptica de semen
que en absoluto ostentas
en tu mano más hábil, me sitúa
frente a un recuerdo que tampoco

tengo de ti, probablemente
porque he perdido
la facultad de ver que te desnudas
antes de que lo hagas

y no me basta ya
haber dejado de ser joven
para entender que de algún modo
la vida exige siempre empezar a vivirla.

A batallas de amor, campo de plumas**
Ningún vestigio tan inconsolable
como el que deja un cuerpo
entre las sábanas
                             y más
cuando la lasitud de la memoria
ocupa un espacio mayor
del que razonablemente le corresponde.
Linda el amanecer con la almohada
y algo jadea cerca, acaso un último
estertor adherido
a la carne, la otra vez adversaria
emanación del tedio estacionándose
entre los utensilios de la noche.
Despierta, ya es de día, mira
los restos del naufragio
bruscamente esparcidos
en la vidriosa linde del insomnio.
Sólo es un pacto a veces, una tregua
ungida de sudor, la extenuante
reconstrucción del sitio
donde estuvo asediado el taciturno
material del deseo.
                              Rastros
hostiles reptan entre un cúmulo
de trofeos y escorias, amortiguan
la inerme acometida de los cuerpos.
A batallas de amor campo de plumas.

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR**
Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?
Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.
¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?
El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.
Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.
¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.
Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

*de Manual de infractores (2005)
**de Descrédito del héroe (1977)

Sombras le avisaron
José Manuel Caballero Bonald
Fondo de Cultura Económica

4 comentarios:

  1. He leído novelas de Caballero Bonald, pero no me he animado con su poesía. Y los versos que nos has dejado hoy me han gustado mucho, así que tendré que empezar a buscar algo suyo ya.
    Besotes!!!

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  2. No había leído nada del autor, así que te agradezco el aporte. El primero me parece precioso, principalmente los últimos cuatro versos: "Sólo eso".La mirada, la ventana del alma. Ya l otro día te quería preguntar, ¿cómo te fue con el libro que nos habías propuesto para conjunta? Karnaval, ¿verdad? Un abrazo,

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    Respuestas
    1. Gracias, Offuscatio. He escogido cinco de los poemas de Bonald que más me gustan, aunque tiene cientos que vale la pena leer. Entonces, Karnaval lo tengo sobre mi mesita de noche: como tenía tanto libro pendiente, y suelo leer varios a la vez (no más de tres, tampoco exageremos) lo empecé tarde y ahora llevo un par de días sin abrirlo. Espeso. Denso. Ya te contaré.

      Abrazo

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  3. Pues mira, te diré que hasta el anuncio del premio no había leído nada de este escritor y ahora me espera una obra suya en casa.
    Te agradezco que nos lo acerques, a veces un premio nos sirve como excusa
    Besos

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