Pages - Menu

jueves, 4 de abril de 2013

La transmigración de los cuerpos



¿Cómo reaccionaríais si una mañana os informaran de que a lo largo y ancho de las calles de vuestra ciudad se expande inexorable una epidemia provocada por un mosquito egipcio? ¿Y si algo más tarde, al salir de casa, os encontrarais frente al portal un charco espeso y negruzco revoloteado por cientos de moscas? ¿Y si, finalmente, al regresar a casa completamente asqueados os cruzarais con esa vecina que tanto os pone sin que os hiciera el menor caso? Supongo que la mayoría, como yo, se encerraría en el baño con unos cuantos libros para evitar al mismo tiempo la picadura del mosquito y la visión insoportable de ese cuerpo que no parece tener ninguna intención de ceder a vuestros impulsos. El Alfaqueque, en cambio, suele hacer todo lo contrario de lo que le dictamina su lógica. 


El protagonista de La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013), la nueva novela de Yuri Herrera, es uno de esos personajes que se instalan en tu memoria tan pronto como entras en contacto con ellos, como si se tratara de una termita dispuesta a perforar la corteza cerebral para meterse en tus pensamientos. El Alfaqueque parece a primera vista un pobre desgraciado. Porque, “¿qué podía esperar él, si arruinaba los trajes nomás ponérselos: por bonitos que se vieran en el aparador, perchados en su esqueleto de inmediato se arrugaban, se caían, perdían el chiste”. Tal vez por eso es tan diestro con las palabras, porque siempre ha necesitado tirar de verbo para coger, como diría  él mismo. Una cualidad que le ha servido también para procurarse un espacio en ese universo de rateros, traficantes, prostitutas y borrachos que asola las barriadas de las urbes mexicanas. Se dedica a “chambear”, a mediar en los conflictos que un día sí y el otro también se generan entre bandas rivales. En esta ocasión debe facilitar un intercambio de rehenes entre dos familias ilustres de los bajos fondos, una curiosa versión de cantina mexicana de los Montesco y los Capuleto, entre quienes hace mucho tiempo que existen demasiadas cuentas pendientes. El Alfaqueque deberá lidiar entre ellos con la amenaza de un mosquito que parece haberse apoderado del aire y las piernas de esa tremenda mujer, La Tres Veces Rubia, cuyas bragas parece que le sonríen cada vez que la ve alejarse.

Yuri Herrera ya nos sorprendió a todos con Trabajos del reino (Periférica, 2008), una primera novela que cosechó diversos premios y que situó a su autor entre ese nutrido grupo de voces latinoamericanas que habrá que tener en cuenta en el futuro. La transmigración de los cuerpos tiene la habilidad de mostrarnos un mundo ya de por sí terrible, de pistoleros, tabernas y charcos de sangre, que además sufre la amenaza de una epidemia apocalíptica. Y en lugar de cebarse en el dramatismo que incorpora tal premisa –error en el que mucho otros habrían caído–, la aborda con un humor a la vez ácido y tierno, que sabe extraer de cada personaje algo de su dignidad perdida y poner un poco de esperanza en un mundo que se desploma con todo el peso del acero. Su voz es tan poderosa como la de Rulfo, tan llena de esos matices y olores que nos sitúan en el corazón de los suburbios mexicanos, e incorpora el poder de fascinación de Sábato y el aliento de Bolaño.  La transmigración de los cuerpos es a la vez una tragedia clásica, un retrato en color de un mundo que creíamos en extinción y una novela de redención cuya épica permanece bajo tierra esperando a que la desenterremos.

Uno de los mejores libros que he leído en este año de vacas flacas. 


La transmigración de los cuerpos
Yuri Herrera
Editorial Periférica



Si te ha gustado La transmigración de los cuerpos, también te gustarán:

Trabajos del reino
Yuri Herrera
Periférica

Pedro Páramo
Juan Rulfo
Cátedra

No hay comentarios:

Publicar un comentario