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martes, 2 de abril de 2013

Interior azul






Cuando el tren inició la partida, doscientos setenta y tres hombres hacinados en el vagón de carga se pusieron a temblar. El número doscientos setenta y cuatro, Lev Gumiliov, aprovechó el momento y se lanzó al suelo. Avanzó a gatas entre el bosque de piernas: la ausencia de aire y luz pesaba y apenas podía respirar. Tras muchos empujones, y a cambio de regalar sus últimas hebras de tabaco a Fiódor, logró hacerse un hueco bajo el ventanuco. Se llevó el antebrazo a la cara para enjugarse el sudor y, en cuclillas, esperó un rato. Allí, al menos, el aire no estaba tan enrarecido. Después sacó el papel de fumar y un lápiz diminuto de los pantalones, numeró cada hoja de papel y, con los dedos temblorosos, escribió rápido la carta. Al terminar, la introdujo en un sobre improvisado con el envoltorio del tabaco, inventó un trozo de cuerda arrancándose los bajos del pantalón y ató un mendrugo de pan al sobre, para que no se lo llevara el viento. Entre el sobre y el pan puso un rublo y cinco papeles con el mismo mensaje: “Podría comprar un sello y mandar la carta por correo?” Cuando el tren pasaba por la siguiente estación, Lev se levantó y empujó la carta por el ventanuco. Volvió a sentarse y cerró los ojos.

De esta manera tan sugerente comienza el primer relato de Interior azul (Fondo de Cultura Económica, 2012), el primer libro de la barcelonesa Anna R. Ximenos, quien ha surgido con una voz propia y contundente –y esto, a estas alturas del partido, se trata de una novedad más que gratificante– de una de las muchas y buenas canteras de escritores que proliferan en nuestros país. Más allá de los tópicos recurrentes acerca del oficio del escritor, como el ejercicio de la inspiración o el síndrome de la página en blanco, queda un trabajo minucioso en el que cuenta tanto la genialidad como la habilidad de “juntar palabras”. Ya lo decía Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. En este sentido, Anna R. Ximenos atesora ambas cualidades. Su mirada sabe proyectar el negativo las imágenes cotidianas, captar toda la trascendencia camuflada tras las apariencias, y luego manejar sus dedos con soltura e inteligencia para que esas mismas imágenes adquieran un significado tangible a través de las palabras. Se trata de una escritora con la e mayúscula.

A veces, ciertos libros tiene la capacidad de captar nuestra atención de una manera natural, sin portadas multicolores ni fajas atiborradas de premios o citas elogiosas –elemento que, por otro lado, he considerado siempre un verdadero menosprecio hacia los lectores–. Es lo que ocurre con Interior azul. Lo que un principio se intuye como una historia bien cargada de imágenes llenas de conceptos en los que vale la pena pensar, de una buena dosis de pathos, se transforma con el paso de las páginas en algo muchos más interesante, si cabe, sobre todo cuando descubrimos que la poeta a quien va dirigida la carta del preso Lev Gumiliov es ni más ni menos que Anna Ajmátova, cuyo poemario Réquiem se erigió en su momento como el grito angustiado de aquellos que vivieron la inmensa dureza de los gulag desde la otra perspectiva, la de los que se quedaban en casa esperando la liberación de los suyos. Eso es exactamente lo único que puede hacer Anna Ajmátova en esa cárcel camuflada bajo la apariencia de un hogar, en una barriada de Leningrado: esperar. Esperar una carta que tanto puede ser la notificación de una defunción, la de su hijo, como el anuncio de un regreso. En esa curiosa cohabitación de sentimientos radica lo tremendo de esta historia, pues nos muestra de qué manera la esperanza puede convertirse en un arma de doble filo, en una píldora de cianuro recubierta de chocolate. Y Anna R. Ximenos no solo nos revela de un plumazo toda la tragedia contenida en esa particular historia, sino que consigue hacer con total economía de palabras, en un relato que aporta tantos matices como podría haber hecho una novela.

A partir de aquí, nos encontramos con quince relatos sobre la vida de quince de las mayores  escritoras que ha dado la historia de la literatura, desde Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley, hasta Anne Sexton, la más contemporánea. De todas ellas, Anna R. Ximenos escoge ese momento en el que sus líneas vitales experimentan un quiebro, un giro hacia ese territorio desconocido del alma en el que suele habitar, para nuestra propia desventura, una nutrida manada de serpientes: la soledad, la locura, el resquemor, los celos, la envidia, el descreimiento o, por qué no decirlo de una vez, la muerte. Ximenos tiene la habilidad de narrarnos esos momentos de rotura como lo podrían haber hecho ellas mismas, como si fuéramos ese oído escogido en el que volcar sus confidencias para recuperar cierta humanidad perdida, cierto consuelo. Ese ejercicio de mimetización, casi de abducción, permite a la autora hablar con las mismas palabras que habría utilizado Margueritte Duras para hablarnos de Yann, ese joven con quien compartió los últimos veinte años de su vida sin alcanzar nunca el amor, o Anne Sexton para describirnos la extraña relación que mantuvo con ese psiquiatra que la contemplaba silencioso desde su butaca durante sus sesiones, ese personaje sin nombre ni apellidos a quien le debemos que Sexton fuera una de las mejores poetas de su generación. “Por favor, escriba. Escriba sobre usted, sobre mí. Sobre nosotros. Sobre nuestros silencio”, le dice casi desesperado, cuando ella está decidida a abandonar toda terapia. O cómo una jovencísima Carson McCullers descubre las luces y las sombras del amor adulto, siendo testigo y protagonista involuntaria de una relación, la de su admirada profesora de piano, que está al borde de la extinción. “No tengas nunca miedo”, solía decirle cuando ella no se veía capaz de trasladar a sus dedos toda la pasión que sentía en su compañía, en una avanzadilla de lo que sería su futura homosexualidad. Eso es precisamente lo que consigue Anna R. Ximenos. Que cada una de esas grandes escritoras nos hablen sin miedo de sí mismas, de sus vidas, que no hagan partícipes de ellas como si estuviéramos a su lado tomando una taza de té y unas magdalenas, o un buen vaso de whisky. A través de su voz, que es también la de ellas, se transforman en mujeres reales y cercanas, preocupadas por la amenaza de esas serpientes con piel de cordero que, lo aceptemos o no, también acechan en la puerta de nuestras casas.

Vuelve a llenar la copa y mira el mar. El color del mar es negro. El azul, en Marguerite, siempre es negro. Bebe. Bebe mil veces. Olvida las palabras. Olvida el aire entre ellas. Lo olvida todo excepto el cuerpo desnudo de Yann y la botella, que ahora está vacía (…) Aumenta el temblor de las manos. Entre ella y ella misma late una hendidura que se ensancha y amenaza con romperla. Cómo las palabras le estallan en los dedos antes de llegar a reclearlas.

Sería demasiado fácil afirmar que Anna Ximenos, en un ejercicio de mimetización, se apropia de la voz y estilo de cada una de esas dieciséis escritoras. Sin embargo, y para corroborar lo que decíamos antes, su mimetización nada tiene que ver con el estilo y sí mucho con los pensamientos. La voz y el estilo son completamente suyos, y lo único que coge prestado de Ajmátova, McCullers, Arendt, Sexton o Duras son las penurias de una vida dedicada a pensar y a sufrir libremente. Anna Ximenos se atreve a compartir esas emociones tan poco gratas –y a la vez tan llenas de vitalidad– para “confesarlas” con sus propias palabras. En ellas adivinamos trazos de la honestidad con que sabe hablar de sí misma una Marta Sanz, por ejemplo –pues Ximenos proyecta sus propios miedos en esos personajes de carne y hueso–, y la portentosa exactitud con que Elena Poniatowska suele dibujar los protagonistas de sus novelas biográficas.    

Una excelente noticia que Fondo de Cultura Económica haya decidido publicar Interior azul, a pesar de no prodigarse demasiado en el ámbito de la ficción. Nos ha regalado una escritora con un futuro prometedor y también un libro en el que uno puede perderse durante el fin de semana y luego recuperarlo de vez en cuando para disfrutarlo en pequeñas cápsulas.              
      


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