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miércoles, 10 de abril de 2013

Anna Karénina



Animado por el tirón mediático que está experimentando Anna Karénina (1877; Cátedra, 2006*) a raíz del estreno de una nueva adaptación cinematográfica, he decidido releer la, para mí, mejor obra de Lev Tolstói, así como la excelente biografía que hizo de él Romain Rolland, Vida de Tolstói (1911; Acantilado 2010**).

Anna Karénina es, junto con Las almas muertas (1842; Alianza Editorial, 2011***), de Nikolái Gógol, el retrato más verídico que se ha publicado jamás sobre la sociedad de los años crepusculares de la Rusia zarista. De hecho, Tolstói fue siempre admirado por la enorme sinceridad que destilaba su narrativa. Nekrásov, director de la revista Souvreménik, le escribió en 1855 después de leer el manuscrito del segundo relato de los Relatos de Sebastopol para decirle que “esto es precisamente lo que la sociedad rusa necesita en este momento: la verdad; la verdad que a raíz de la muerte de Gógol tanto ha menguado en nuestra literatura”. Porque Anna Karénina es una crítica social de tal envergadura, de tal calado, que no dudo que su lectura fuera igual de venenosa para un alto funcionario del gobierno moscovita que para una dama de los círculos aristocráticos. En ella se representa perfectamente ese decorado de cartón piedra en el que se mueven como payasos y actores de opereta los integrantes de la alta sociedad urbana, amparados por una tradición y unas leyes –las escritas y las no escritas– que de tanto hablar de sí mismas han olvidado su significado, convirtiéndose en un molde de bronce vacío en el que la cera hace ya mucho tiempo que se ha fundido.

La historia es en apariencia simple: Anna Karénina, la bella y virtuosa esposa de un alto funcionario y madre amante y sufrida de un hijo de ocho años, deja que la savia venenosa de una pasión enfermiza fluya por su corazón hasta destruirlo. Ella y Vronski, un militar que hasta entonces ha llevado una vida amorosa bastante díscola, sucumben ante la posibilidad de realizar un amor mucho más verdadero del que se permite la alta sociedad rusa, pero luego no son capaces de ignorar el desprecio con que esta premia su afrenta. A ella por pasear su infidelidad con tanto descaro. A él por atreverse a destruir un matrimonio "bendecido por Dios". A partir de aquí, conocemos a una galería de personajes cuya riqueza radica no solo en el generoso perfil que nos ofrece Tolstói sino también en su valor simbólico. Karenin es el viejo marido engañado cuya altura moral, ampliamente reconocida por los círculos de Moscú, lo convierte en una suerte de mártir en manos de la depravación. Sin embargo, su discurso está tan vacío como ese molde de bronce en que se han convertido ley y tradición. Sufre lo indecible, pero no puede dejar de revolvernos su ceguera y falta de valentía. Anna Karénina y Vronski son las víctimas de esa vaciedad, dos corazones desbordados que ya no pueden soportar más esa cárcel en la que se hallan sometidos por gente como Karenin. Konstantin Levin, “Kostia”, es ese alter ego de Tolstói destinado a defender su credo filosófico, sus “ideas a la vez conservadoras y demócratas”, su “antiliberalismo de aristócrata rural que desprecia a los intelectuales”, como dice Rolland. Stépan Arkádievich, hermano de Anna Karénina, el granujilla frívolo e inconsciente que resulta tan encantador como egoísta. La clase de persona que desearíamos en nuestra mesa pero que evitaríamos en el confesionario. Kitty, la joven aún adolescente pretendida por Levin, toda pureza e ingenuidad. Aunque de alguna manera nos sentimos cercanos a todos ellos –gracias a la habilidad de Tólstoi, que sabe siempre encontrar lo mejor de sus personajes–, Levin es el único por el cual sentimos una simpatía sin matices. Es el único de todos ellos que de verdad pretende vivir en completa coherencia con sus convicciones, capaz de decirse la verdad a sí mismo aunque haya de dolerle, ese alma atormentada que busca incesantemente un punto de equilibrio en el que cohabiten la virtud y la justicia, la moral y las debilidades inevitables del ser humano. Su amor por Kitty y por la vida apacible en el campo, en el cual trabaja codo a codo con sus campesinos, es al final el único que se salva de la quema.               

Tolstói comenzó a escribir Anna Karenina el 19 de marzo de 1873, es decir, hace poco más de ciento cuarenta años, en una época en la que su mujer estaba gravemente enferma. Según Rolland, fue aquella circunstancia la que hizo que el lirismo que caracterizaba la expresión del amor en Guerra y paz desapareciera para dejar paso a la aspereza y la fatalidad –¿tal vez la misma aspereza de la Sonata a Kreuzer (1891; Acantilado, 2003)? Pero si nos adentramos en sus páginas y escuchamos atentamente a sus personajes, encontraremos cierto espacio para la esperanza y el consuelo. Tolstói fue en su momento la voz y la conciencia de esa Rusia que comenzaba a levantarse, ese hombre que, como dijo Grigoróvich en una ocasión,  “miraba a su interlocutor desde el fondo de sus ojos grises, profundamente hundidos en sus cuencas”, o que, como dijo Turguéniev, otro de esos intelectuales a los que odiaba profundamente, tenía “una mirada inquisitoria que, aunada a las dos o tres palabras de alguna observación venenosa, era capaz de llevar a la locura”.

La misma locura en la que acaba instalada Anna Karénina y que yo apenas consigo sortear cada vez que leo a Tolstói.

Otro día hablaremos de La muerte de Ivan Ilich, el otro libro que me fascina de este grandísimo autor.  


*Traducción de Josefina Pérez Sacristán. Esojo esta edición de las muchas que hay en el mercado (la obra es de derecho público) porque incluye unas notas a pie de página muy útiles.
**Traducción de Selma Ancira y David Stacey de la edición francesa de 1978, que a su vez está basada en la undécima edición rusa, de 1928.
***Traducción de Augusto Vidal Roget


Anna Karénina
Lev Tolstói
Cátedra

Vida de Tolstói
Romain Rolland
Acantilado




Si te ha gustado Anna Karénina, también te gustarán:

La muerte de Ivan Ilich / Hadyi Murad
Lev Tolstói
Alianza Editorial

Guerra y paz
Lev Tolstói
El Aleph Editores

Las almas muertas
Nikolái Gógol
Alianza Editorial

9 comentarios:

  1. La muerte de Ivan Ilich me gustó mucho más que A.K.
    Identifico la crítica los estratos... pero tengo ciertos problemas con el personaje, no hablo ya de antipatía sino de cansancio ante Anna.
    Por cierto que se me ocurrió ir al cine a ver la última adaptación... y esa si que me dió dolor de cabeza. No entiendo el motivo que lleva a algunos guionistas a sentirse tan sumamente creativos
    Besos

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    1. La muerte de Ivan Ilich es una pequeña maravilla. Es para mi el personaje más logrado de Tolstói. Pero Anna Kerénina tiene una riqueza incomparable. Entiendo muy bien tu cansancio frente a Anna. La verdad es que al final se queda un tanto estancada, como si Tolstói ya solo tuviera interés en acabar de terminar el personaje de Levin. Gracias por estar aquí, mientrasleo. Besos.

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  2. Hola Karenin :)
    Desde siempre me ha fascinado la literarura rusa en general. Recuerdo que el primer libro que leí fue Guerra y paz. Más tarde llegó Anna Karenina que me fascinó y después el resto. anna Karenina, como dices es un magnífico retrato social en el que toman la voz la doble moral, las apariencias, la emancipación de la presión social... Es una auténtica joya. Como hemos establecido comparaciones, yo me quedo con Anna Karenina sobre todo, Guerra y Paz es distinta, ya explicas tú por qué. En cuanto a la nueva versión cinematográfica me parece un despropósito, ni siquiera me gustó la de Vivien Leigh. Los americanos tienen problemas para adaptar los clásicos rusos :) Me pareció también un desastre la adaptación de Guerra y Paz de King Vidor con Audrey Hepburn y Henry Fonda, que comienza con Piotr y Natasha juntos en una ventana!! Me gusta mucho leer sobre clásicos rusos. un abrazo :)

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    1. Todo un placer conocer a alguien a quien les gustan los clásicos rusos. ¿Has leído a Pushkin? Tal vez ahora nos parezca un tanto pasado de moda, pero es el auténtico precursor de todo lo que se escribió después. la pelicula es un despropósito, tal y como apuntaba también mientrasleo. Aunque esperaba algo incluso peor. Saludos!

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  3. ¡Imperdonable! No he leído esta aclamada obra de Tolstói, pero sí que me cometido el error de ver la reciente adaptación cinematográfica de Anna Karénina, protagonizada por Keira Knightley (una actriz que me gusta mucho). Sin embargo, la película me dejó bastante fría. Quizá tenía las expectativas demasiado elevadas, pero no me consiguió envolver a través de esas imágenes de amor, prohibiciones y desesperación. Por lo menos, salí de la sala con la idea reforzada de que tengo que leer esta novela sí o sí. Un abrazo,

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    1. Gracias por volver, Offuscatio (y espero que se convierta en una costumbre :) Te recomiendo fervientemente que leas Anna Karénina y, si te animas, también Las almas muertas, de Gógol. La película es mala con ganas, aunque las interpretaciones no están mal. Lo de revelar el decorado no funciona porque le resta verosimilitud. Un abrazo y gracias por presentarme a blogueros tan interesantes como tú.

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  4. me ha encantado leerte, hace poco terminé de leer a Anna Karerina y me parece que tu reseña es soberbia. Toltstói logra hacer una fotografía de la sociedad rusa de su tiempo, mostrando los claroscuros de cada clase, de cada "categoría": el burócrata, la esposa, las amantes, las madres, las hijas, los maridos, los campesinos, en fin, es una obra que debe ser leída para conocer la Rusia de ese tiempo.
    No he podido leer tu reseña de Bartleby porque me aparece una foto de una bicicleta que dice 4 Gats y nada que puedo clicar en el enlace, pero estaré visitándote para ver si deja de aparecer ;)
    Ale.

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    1. Gracias por venir a Jauría lectora, bibliobulímica. Y por valorar mi reseña :) la verdad es que fue fácil teniendo en cuenta lo mucho que me gusta esta obra maestra. Espero que con el tiempo podamos llegar a discutir sobre libros. Un abrazo.

      P.D.: qué raro que en lugar de la reseña te aparezca la fotografía del 4 gats... ¿te has conectado desde PC o móvil?

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  5. Me conecto desde la PC y aún no puedo abrir las dos primeras entradas de tu blog pero ya se andará ;)
    Te voy a seguir por email para así poder leer tus entradas nuevas.
    Saludos,
    Ale.

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