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miércoles, 13 de marzo de 2013

Llenos de vida



Sinceridad, sencillez, humanidad, dureza aunque también ternura: una breve muestra de los calificativos que suelo escuchar cuando algún experto se refiere a John Fante, el creador del inolvidable personaje literario, también alter ego, Arturo Bandini; el héroe de tantos lectores y escritores a lo largo de los últimos cincuenta años, desde que en 1939 se publicará su obra maestra, Pregúntale al polvo (Anagrama, 2012)*; y el hombre sin cuya inspiración Charles Bukowski hubiera acabado, muy probablemente –o al menos eso decía él–, disuelto en una botella de whisky sin haber publicado un solo libro. Y es también, ya en un plano más personal, el culpable de que esté escribiendo estas líneas con dos tremendos surcos oscuros bajo mis ojos. ¿Por qué? Muy sencillo: porque ayer por la noche cometí el error –y no es la primera vez que me pasa, por eso sé que se trata de un error– de dejar su Llenos de vida (1952; Anagrama, 2011) sobre la cama antes de salir a tomar una copa, y luego, al volver, no pude evitar abrirlo para leer un par de páginas –2º error– y acabar completando las 189 de que consta el texto en poco menos de tres horas... Bien, aquí es cuando descubrí que en absoluto había cometido un error. Es decir, tenemos una cadena formada por dos o más errores –si consideramos también la ingesta de alcohol como parte de la cadena– que acaban en un descubrimiento literario de primer orden. Me pregunto qué diría Fante de esto. O su biógrafo. Probablemente diría que es completamente coherente con la naturaleza de la obra y de su autor, que Fante construía sus novelas a partir de una gran verdad para luego envolverla en un montón de mentiras que, sin embargo, tenían la propiedad de confesar muchas otras verdades mejor de lo que ella misma habría sido jamás capaz de hacerlo. Es decir, que una autobiografía escrita, por ejemplo, por el propio Fante, no habría sabido contarnos quien era de la misma manera que lo consiguieron sus novelas. Y cuando digo Fante me refiero no solo al autor, sino también al protagonista de Llenos de vida, quien se llama así mismo, como su creador. En definitiva, tenemos una cadena de pequeñas mentiras que nos revelan una verdad mayor, y una cadena de errores en apariencia insignificantes que nos acaban regalando, además de un día de trabajo con las ojeras de una jirafa, el acierto que siempre supone haber leído un libro de belleza rotunda e incontestable.


John Fante –y no me atrevo a distinguir aquí tampoco entre protagonista y autor, porque en realidad lo comparten casi todo– es un escritor cuyo éxito, aunque moderado, le ha abierto las puertas de los estudios de Hollywood, de donde recibe cada semana un cheque por trabajar historias convertibles en guiones cinematográficos. No nos adentraremos en la naturaleza de su trabajo porque ni es necesario, ni se habla de ello en la novela –o si se hace es de manera testimonial–, pero sí que es importante destacar que ni el mismísimo John  Fante cree verdaderamente merecer ese dinero que le va cayendo cada semana como agua de mayo. De hecho, ni siquiera cree merecer a Joyce, esa esposa que lo acompaña a lo largo de las 189 páginas embarazada de su primer hijo. No sabe cómo se fijo en él, ni por qué le regalo su amor y apoyo incondicional, ni mucho menos cómo llegó a ocurrírsele que podía convertirlo en un padre –por no decir un buen padre–. Tampoco la casa que acaban de comprarse en Wilshire Boulevard, en una barriada de clase media de Los Ángeles. Una casa de cuatro dormitorios en forma de L, con un camino de rosas hasta la entrada y un picador de bronce en la puerta que acercan la pareja, junto con los cheques semanales y el embarazo, al American way of life. Pero todo cambia con la aparición de ese bulto en la barriga de Joyce, “sinuoso, deslizante y escurridizo, como un nido de serpientes”. Entonces, lo que alguna vez fue euforia contenida se transforma en miedo neurasténico. Lo que parecía un atajo hacia cierto grado de felicidad americana adquiere la forma de eso, de un “nido de serpientes”. Lo que debía haber servido para consumar a la pareja solo hace que aflorar en la barriga de Joyce como un reproche, como una manera de decir a esos dos padres que asisten atónitos a su fortuna que se han pasado de la raya, que no era necesaria ni la casa, ni los cheques y ya ni siquiera los libros. Y, por si fuera poco, aparece una plaga de termitas para amenazar el suelo de madera de la cocina –un elemento tan bien colocado que sabe convertir lo absurdo y grotesco en pura maravilla literaria– y aún sus propias vidas, porque quien habrá de arreglar ese suelo maltrecho será el padre de Fante, un obrero jubilado italo-americano –vestido con su eterno vestido de una pieza– cuya expresividad y falta de vergüenza y cuyos juicios demoledores, exclamados entre copa y copa de vino, se transformaran para el protagonista en una amenaza mucho más intensa que las termitas. Así, las vidas de esos tres personajes transitan entre el recelo y la euforia, entre la ira y la ternura, entre la creencia y el desarraigo, mientras esperan que ese niño que ha de nacer les devuelva un poco de esa fe que nunca tuvieron. Un libro imprescindible y escrito como le gustaba a Fante: con las palabras justas y necesarias. Ni más, ni menos. Y con una dosis de ternura tan bien vertida sobre el contenido que lo que en un principio podía parecer un ejercicio de autodestrucción acaba insuflando esperanza.  Eso es lo que nos gusta de Fante. Que destruye para construir. Que miente para decir la verdad. Que para mostrarnos la belleza no necesita recurrir a las grandes palabras, pues sabe que bajo este rango suelen frecuentar la afectación y la petulancia más insinceras y, precisamente por ello, demasiado ciegas para haber siquiera imaginado un libro tan bueno como este.
Leed Llenos de vida. Vale la pena.
P.D.: en Catalunya, Edicions de 1984 acaba de publicar una excelente traducción al catalán por obra y gracia de Martí Sales.
*El año que detallamos junto a la editorial corresponde siempre a la última edición, en este caso concreto la de bolsillo.


Llenos de vida (Full of life)    
John Fante
Anagrama, 2011


Plens de vida
John Fante
Edicions de 1984, 2013







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Pregúntale al polvo
 John Fante
Anagrama

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Anagrama

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